martes, 18 de marzo de 2025

Confluencia vibracional en las artes holísticas: El símbolo Sei-He-Ki y el sonido

 

El símbolo Sei-He-Ki representa el equilibrio, y la sintonía de dos fuerzas complementarias. De su significado “sanación con sonidos” y la representación de la “vibración primordial”, llama a la creación desde un acuerdo sano y “correcto”, todo potencial. El sonido es vibración, que se propaga ampliamente, y en su contacto con otra creación o material, lo invita a generar una resonancia en sintonía, sin opacarla. Como los sonidos de dos melodías de distintos instrumentos en una orquesta, en un momento chocan y se combinan, oyéndose ambos, y a la vez creando un nuevo sonido que es el resultado único de dicha confluencia. Por lo tanto, todo lo que vibra, eventualmente genera cambio, transformación.

Sin embargo, hay ciertos sonidos tan dispares que no alcanzan a equilibrarse armoniosamente, lo que da lugar a una disonancia, así como sucede con los pensamientos negativos que generamos en nuestra mente, chocando con los positivos, resistiéndose a entrar en sintonía por su naturaleza tan dispar, como el agua y el aceite. En esos momentos, es usual la aparición de un tercer sonido que los encuentra, y hace de nexo y puente para acercarlos y buscar un punto de equilibrio en el que puedan encontrar afinidad. Transmutando lo negativo a lo positivo, donde puede continuar la creación. Ese elemento noble que une y armoniza podría considerarse como Sei-He-Ki.

Análogo con nuestro Ser y nuestro cuerpo, que vibra en sintonía con el Universo, también tenemos nuestros dos sonidos de naturaleza complementaria y en parte opuesta. Uno es nuestro “norte”, nuestro inconsciente y la intuición, con su naturaleza libre y amorosa, localizado en el hemisferio derecho de nuestro cerebro evolucionado. El otro es nuestro “sur”, la conciencia y la razón, con tendencia a poner límites, del cual se ocupa el hemisferio izquierdo. Cada uno cumple su función, como el discurso de las melodías de distintos instrumentos en una sinfonía.

Con el “Norte” que rige el inconsciente y la intuición, me viene a la mente “la brújula apunta al norte”. Si bien es ideal un sano equilibrio entre nuestra mente racional, lógica y analítica, y nuestra mente creativa, donde habitan los sentimientos y la imaginación, nuestra conexión más profunda y genuina alineada con nuestro espíritu y con la Fuente está del lado intuitivo. Dada su naturaleza, el razonamiento debería estar dispuesto al servicio de la intuición y la creación para enfocarla y potenciarla, como un amable guía, y no para ponerle grilletes y ahogarla con su excesivo control y precauciones. Como un Maestro que anima a su discípulo a desarrollar su propia voz, pero le da la técnica y el marco para aprovechar al máximo sus capacidades. Visualizamos con mente creativa, ilimitada y que abraza todas las posibilidades y potencias, mientras que controlamos y filtramos con la mente racional.

Necesitamos a ambos para mantener una estructura equilibrada, por lo cual es importante mantener la sintonía. Sin embargo, la mente racional tiene un esquema que en esta matriz tiende a limitar y sofocar por demás, generando muchas veces una programación con pensamientos negativos en nuestra conciencia, así como suele ganar territorio e imponerse a la intuición, dejando pasar sólo lo que quiere que se muestre, como el telón de un escenario, que oculta detrás todo un mundo hasta que lo deja salir a la luz. La razón y la conciencia también necesitan un guía para crecer fuertes y sanas, y desarrollar todo su potencial, y esa guía viene de nuestro espíritu, cuando nos permitimos escuchar su voz.

Cuando se pierde ese equilibrio entre ambos hemisferios y naturalezas, y lo negativo predomina sobre lo positivo y le impide seguir creando y manifestándose, es cuando el elemento armonizador de Sei-He-Ki puede intervenir para recuperarlo. Su función es la de transmutar esos pensamientos negativos en positivos, aflojar el agarre firme del control excesivo y limitante, ayudando a aceptar nuevas ideas e información para dar lugar a creencias más luminosas, y con ello conformar una nueva melodía, una nueva memoria. Desde ese nuevo discurso, alimentado por la fuente creativa de la imaginación, los sueños y los sentimientos, siempre vibrando en amor, es que poco a poco se re-direccionan y transforman los pensamientos y diálogos internos, llevándolos hacia la luz, liberándolos de su opresión, para recuperar el equilibrio inicial.

A través de conectar nuevamente con la naturaleza genuina de nuestro Ser, de nuestro espíritu, puro potencial creador, se vuelve a abrir la puerta a nuestras capacidades desaprovechadas por todos los filtros que fuimos asentando poco a poco hasta que se impusieron como la norma, generando fuertes creencias limitantes. Cuando la intuición y la conexión recobran su fuerza, las visualizaciones y emociones vibran en amor y creación, vuelven a brillar con su luz divina. Nuestro comportamiento es reflejo de nuestras creencias, que pueden ser tanto positivas como negativas, por lo que si cambiamos, o mejor dicho, reemplazamos nuestras creencias, también lo hará nuestro comportamiento. A medida que profundizamos las raíces de los nuevos pensamientos positivos y actuamos en consecuencia, nuestra conciencia y razón abrazan los nuevos hábitos.

La transmutación y armonización que guían y acompañan nuestro Yo Superior y nuestro Ángel Guardián, lleva a la correcta expresión de nuestros pensamientos, emociones, ideas y deseos, reforzando esa nueva memoria, programando nuevos recuerdos, pautas y creencias positivas que potencian nuestra confianza, liberándonos de las viejas cadenas. Armonizando las melodías de nuestra existencia, que reencuentra y une lo humano y lo divino.

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